Alberto Nin Frías: El mirlo Blanco

DR. ALBERTO NIN FRÍAS “el mirlo blanco” 1 BIOGRAFÍA DE ALBERTO NIN FRÍAS1 Nin Frías, Alberto Augusto Antonio Emmanuel, diplomático uruguayo, doctor en Filosofía y Letras; profesor. Nacido en Montevideo, el 9 de Noviembre de 18822, en una familia de la alta burguesía rioplatense. Hijo del Dr. Alberto Nin, Presidente del Supremo Tribunal de Justicia y Ministro ante la Gran Bretaña, y de Matilde Frías. De la familia de Nin, poco más se sabe, sólo la existencia de un hermano, Francisco, que murió, a los diecinueve años3. César L. Rossi en una biografía de Nin expresó “El puede repetir, respecto de sus antepasados, la frase de Marco Aurelio, el piadoso Emperador Romano: “recibí de mi abuelo costumbres apacibles, paciencia inalterable; de mi padre, vigor; y de mi madre, instintos piadosos, generosidad: no solamente no hacer nunca el mal, sino que tampoco pensarlo siquiera....”4 La aparición de este escritor en 1898 cuenta como un hecho importante en la Literatura Latinoamericana. El crítico Juan Mas y Pí escribió al respecto: “Hasta la fecha, el verdadero hombre de letras, el pensador que sigue una ruta fija y hace de la experiencia de su vida una fuente de saber e inspiración, no había sido visto en el Río de la Plata. Como escritor, el Dr. Nin Frías posee originalidad, sinceridad, un estilo acabado y un hondor de visión que le hace único en la literatura de Sud América. Debe estas aptitudes a una intensa educación europea y norteamericana, a altos ideales religiosos y a una gran cultura filosófica, armonizando todo ello con un fuerte impulso hacia lo bello en el pensamiento y en la manera de expresarlo”. Filósofos como Eliseo y Enésimo Reclus; Miguel de Unamuno (en ese momento Rector de la Universidad de Salamanca); W. H. Harris (Instructor general de la Instrucción Primaria de los Estados Unidos), y hombres de ciencia como el Profesor S. Ramón y Cajal, Marañón, han alabado su labor sin reservas en comentarios y críticas presentes en muchos de los libros escritos por Alberto Nin Frías. (Ej. “El Cristianismo desde el punto de vista intelectual”) Según Cesar L. Rossi “Cursó sus estudios primarios en Inglaterra, en el Colegio del señor Blair en Londres, en el de San Marcos de Windsor. En ese ambiente pintoresco, poético, se deslizó la soñadora infancia de Nin Frías. La influencia del medio, de que nos habla Taine - el gran maestro de Nin Frías - determinó en este una admiración muy pronunciada por las 1 Realiza en base a la biografía de Nin Frías presentada en el libro “Reseña de la Obra Cultural de Alberto Nin Frías. Con motivo del trigésimo quinto aniversario de su vida literaria 1898-1933”, de datos extraídos de “La Opinión” diario de Rafaella, Provincia de Buenos Aires Argentina (20 de enero de 2005) y del libro de Carla Giaurdone. “La Degeneración del 900” de editorial Trilce. 2 Naturalizado argentino en 1916, su señora madre era argentina 3 En el folleto “La vida del Estudiante y la moral”, conferencia leída en la Facultad de Enseñanza Secundaria de la Universidad de Montevideo ante los alumnos de Filosofía y Moral, dedica la misma, “a la memoria de Francisco, mi inolvidable hermano. Nacido el 3 de Enero de 1887 y fallecido el 25 de Junio de 1906” 4 Cesar L. Rossi. Biografía de Alberto Nin Frías. Canelones “Trabajo” Año I, Número 9. Rossi fue miembro de la “Liga de Cristianos para la Emancipación de América Latina del Yugo Papal”, de la cual Nin Frías fue fervoroso impulsor. 2 bellezas de la Naturaleza- de la cual siempre ha sido un admirador amante y sagaz. Espíritu esencialmente religioso, las serias cuestiones del destino humano tenían un lugar preferente en su pequeña vida intelectual. A los 14 años hizo un viaje a Italia, en compañía de sus padres. Varias veces en íntimas confidencias nos ha hablado de ese viaje, y siempre notamos que guarda un recuerdo dulcísimo de aquel magnífico país: su libro de viaje es la mejor prueba de ello. Y notamos también que aunque muy joven todavía, ya observaba las cosas de una manera seria y a la vez que picaresca (…) Las primeras manifestaciones que de la libertad para elegir el camino de su salvación eterna recibió, fue en Windsor, donde conoció la Biblia. Es sabido que en las escuelas inglesas las clases comienzan por la lectura de las Sagradas Escrituras. Nin Frías, en su carácter de católico, fue privado de asistir a esas clases, pero él hallo el medio de anular esa disposición, yendo a escuchar, detrás de la puerta, los cursos bíblicos de sus jóvenes condiscípulos. Su joven imaginación sintió ansias de esa lectura, y tanto habló de ella a sus padres, que estos concluyeron por tolerar sus inclinaciones a la Biblia, regalándole un ejemplar de la Vulgata, - ejemplar que nuestro distinguido amigo conserva como un precioso tesoro de su infancia. Nos cuenta que su ocupación preferida, su diversión más amada, consistía en reunir, los domingos, a sus pequeños hermanos y enseñarles la historia del pueblo de Israel y los cánticos sencillos y conmovedores de los hymnarios evangélicos Hizo su educación secundaria en el Colegio Internacional, “La Chatelaine”, de Ginebra, el Gymnasio Municipal de Berna (Suiza), el Instituto St. Louis de Bruselas (Bélgica) y en la Facultad de Enseñanza Secundaria de Montevideo (Uruguay). “Los gérmenes de protestantismo recibieron su sazón en Berna, donde asistió con frecuencia a la Iglesia reformada; haciéndose bien pronto evangélico convencido. Desde entonces, el espíritu de San Pablo y Lucero - esa fortaleza de carácter que solo el cristianismo puede generar- ha impreso un sello característico en todos los numerosos y profundos escritos de Nin Frías” 5 Obtuvo sus diplomas de estudios superiores en las Universidades de Columbia, Nueva York, Washington D. C. y la Católica D. C. de Estados Unidos. En 1897, fue agregado al Museo Pedagógico de Montevideo. En 1904 se le nombró Bibliotecario de la Honorable Cámara de Representantes del Uruguay y Profesor de Inglés y Francés, en la Facultad de Comercio de Montevideo. En 1905, fue encargado de las clases de francés en la Facultad de Enseñanza Secundaria de la misma Universidad. Fue promovido a profesor sustituto de francés en abril de 1906 y de Filosofía y Moral en agosto. En 1908 fue designado para ocupar la secretaría de la Legislación del Uruguay en los Estados Unidos y encargado de negocios en junio de 1909; secretario de la Legislación del Brasil el 9 de febrero de 1910, secretario de la Legislación de Chile y Bolivia en octubre de 1913, secretario de la Legislación de Venezuela y Colombia en mayo de 1914, 5 Op. cit. 3 encargado de Negocios de 1914 a 1930. Desde marzo de 1915 secretario viajante del Internacional Comité de la Y. M. C. A. de los Estados Unidos Secretario de Venezuela en la Pan-American Financial Conference en 1915. Profesor de Castellano, Historia Americana y Geografía Continental en la Universidad del Libertador de Venezuela. Secretario de la Universidad de la Y. M. C. A. de Buenos Aires del 28 de abril de 1916 al 30 de octubre de 1916. Nin Frías llegó a Suardi, Santa Fe, Argentina, en el ocaso de su vida, traído por su amigo el presbítero Badanelli, y se instaló en la fonda de Lahitte, luciendo su habitación numerosas obras pictóricas e importante cantidad de libros. Falleció el 27 de marzo de 1937. Al presbítero Badanelli le había efectuado un pedido verbal en el cual revelaba el deseo de que sus restos descansaran a la sombra de dos árboles. El deseo fue cumplido, pero con el paso del tiempo y posiblemente por desconocimiento, a lo cual se sumó la necesidad de espacio en el cementerio, esos árboles fueron talados. Bibliografía de ALBERTO NIN FRÍAS Ensayo sobre una Sociedad literario-internacional Cervantes. Montevideo: Ed. M. Martínez, 1900, 20 páginas Taine Religieux. 1900 Pequeños Ensayos de Literatura y Filosofía Contemporánea. Montevideo: Imp. de Dornaleche y Reyes, 1900, 29 páginas Ensayos de Crítica e Historia. 1902, 309 páginas Nuevos Ensayos de Crítica literaria y filosófica. Montevideo: 1904, 215 páginas La vida del estudiante y la moral. Folleto. Con prólogo de J. E. Rodó. Montevideo: 1906, 25 páginas Segunda Edición de los Ensayos de Crítica e Historia. Valencia: Editorial Sempere y Cia., 1907, 257 páginas Estudios sobre Jesús y su influencia .Montevideo: Tipografía de J y E Pedralbes, 1908 El Cristianismo desde el punto de vista intelectual. Prólogo de José Enrique Rodó. Montevideo: Tipografía de J y E Pedralbes, 1908, 79 páginas Estudios Religiosos. Valencia, España: Editorial Sempere y Cia., 1909, 212 páginas Ensayos en inglés acerca de la República de Platón, desde el punto de mira sociológico, 1909 Carta a un amigo escéptico. Opúsculo. Montevideo: 1910, 6 páginas 4 Símbolo de la Juventud de Cristo. Folleto Buenos Aires: Imp. De J. H. Kidd, 1910, 9 páginas El Árbol. F Sempere y Cia. Valencia 1910, 251 páginas La Fuente Envenenada: Novela psíquica. Montevideo. Bertani. 1911, 59 páginas La Novela del Renacimiento. Valencia. Sempere y Cia. 1911, 216 páginas Sordello Andrea, sus ideas y sentires: Novela de la vida interior. Valencia. Sempere y Cia. 1912, 218 páginas Marcos amador de la belleza, o la casa de los sueños: Novela de un discípulo de Platón, durante el Renacimiento. El libro del alma hermosa. Valencia. Sempere y Cia. 1913, 230 páginas El primer dolor de Leonardo Stelio: Novela corta de costumbres chilenas. Montevideo. Mercurio. 1914 La música como arte y ciencia. Ensayo-conferencia.1917 Como me allegué a Cristo. Opúsculo del cual se hicieron traducciones al inglés y al portugués. 1917 Un Huerto de Manzanas. Con un estudio preliminar de Armando Donoso. Buenos Aires.1919, 188 páginas. Páginas escogidas de los Escritos de Alberto Nin Frías, publicadas por El Repertorio Americano, San José de Costa Rica, A. C. 1923, 150 páginas El Carácter Inglés, sus relaciones con la Novela Contemporánea. Buenos Aires: Coop. Ed. “Buenos Aires”, 1924, 276 páginas. Ariel, de José Enrique Rodó, edited with introduction, notes and vocabulary by Alberto Nin Frías, Ph D y John D. Fitz-Gerald, Ph D., Litt. D. 1928, 180 páginas “Alexis” o El Significado del temperamento urano. Madrid: Editorial Morata. 1932, 197 páginas El Homosexualismo Creador o La amistad a lo largo de las edades. Madrid. 1933, 383 páginas El Culto al Árbol. Buenos Aires: Editorial Claridad, 1933, 340 páginas Breves apuntes sobre la bibliografía Repasando la bibliografía, se observa con claridad el olvido hacia Alberto Nin Frías. Muchos de sus libros, carecen de referencias tales como la fecha en que fueron publicados y la editorial. A su vez, si contrastamos las diferentes fuentes desde donde tomamos la bibliografía vemos, en algunos casos, que no coinciden las fechas ni los 5 títulos. A ello se suma que no todos los libros de Nin Frías se localizan en la Biblioteca Nacional, donde no se alberga uno de los más polémicos e importantes: “Homosexualismo Creador”. Tampoco es posible encontrar sus libros en las librerías montevideanas Una particularidad al leer a Nin, detenidamente - los libros vinculados al cristianismo, a los que presté mayor atención-, es que sus obras: “El Cristianismo desde el punto de vista intelectual” y “Estudios Religiosos” comparten el mismo contenido, a no ser por pequeños cambios. Apenas se les agrega a “Estudios Religiosos” un ensayo y en “El Cristianismo desde el punto de vista intelectual” encontramos juicios y comentarios que en “Estudios Religiosos” no. Otra particularidad de su bibliografía es que el libro “Reseña de la Obra Cultural de Alberto Nin Frías: Con Motivo del Trigésimo Quinto Aniversario de su Vida Literaria 1898-1933” se edita precisamente en 1933, desde este año Nin Frías no publico más. Teniendo en cuenta que Nin Frías muere en 1937, es posible que en 1933 después de publicar “Homosexualismo Creador” y “El Culto al Árbol” el autor toma la decisión de no publicar más. A su vez en “Alexis” se establece, en el Preámbulo, que está en preparación para publicar “El Carácter argentino: estudios psicosociológico”, el cual no consta que se haya publicado en ninguna de las referencias consultadas sobre sus obras. Análisis sobre ALBERTO NIN FRÍAS “Una voz reposada, grave y serena, de los que hablan y cantan palabras y cantos dignos de atención” Miguel de Unamuno Introducción Leí a Nin Frías como lo sugiere Barthes, dejándome llevar por lo escrito, sin prejuicios, sin buscar mis ideas en sus libros. Si tuviera que presentar a Nin, diría lo que Rodó en la introducción a “El Cristianismo desde el punto de vista intelectual” (el cual será objeto de análisis en este trabajo; especialmente el ensayo : “El testimonio de la juventud intelectual”). No por tener los elementos para suscribir las palabras de Rodó sino porque se me ocurre que Nin Frías hubiese querido que lo recordasen así. Dice Rodó6 “Alberto Nin Frías es uno de los pocos orientales con quien se puede mantener una conversación que dure más de diez minutos sobre puntos de filosofía, de literatura ó de arte. Me explicaré, para que no se atribuya a mis 6 Alberto Nin Frías. El Cristianismo desde el punto de vista intelectual. Prólogo de José Enrique Rodó. Montevideo: Tipografía de J y E Pedralbes, 1908, 79 páginas 6 palabras un sentido que no tienen. No significa esto negar que existan, y hasta abunden, entre nosotros, en relación con lo limitado del ambiente, los espíritus capaces de conversar con conocimiento, discreción y gracia, sobre esos ó parecidos temas. Lo que falta es la persistencia del interés. Si se inicia una conversación con un espíritu criollo, por culto que sea, sobre cuestiones de tal índole, al breve rato la inevitable tangente elude el círculo de la conversación con esta fuga desconcertante: “- Y a propósito: ¿qué ha oído UD. decir de Mariano Saravia ?...” o bien: “- ¿Quién se llevará la senaturía del departamento Tal?” “¿Qué harán los blancos en Noviembre?” etc. etc. Alberto Nin Frías habla poco de Mariano Saravia y de lo que harán los blancos en Noviembre, y en cambio habla mucho, y muy bien, de libros nuevos, de ideas literarias, filosóficas y religiosas, de obras artísticas, de recuerdos de viaje, y de otras cosas de que no suele hallarse en los fogones de los campamentos ni en las tertulias de los clubs políticos”. Busqué a Nin Frías. Un fervoroso impulsor del cristianismo, de un cristianismo de “templos con paredes desnudas”. Un filósofo, un heleno, más preocupado por la felicidad espiritual que por la de los sentidos. Admirador de Taine y posteriormente de Pater. Dice de Taine en una carta a Miguel de Unamuno “Mi gran maestro humano, Hipólito Taine…7” José Enrique Rodó en una carta a Nin Frías8 se refirió a Taine “es quien supo unir en su gigante alma el amor de Atenas y la admiración de Inglaterra”. Nin Frías compartió estas dos pasiones, estudió y se aproximó a lo religioso en los colegios ingleses; también es visible su helenidad. Así lo propone Francisco Alberto Schinca en su libro Oriflamas, estableciendo que “Nin Frías ha dialogado con Platón, monologado con Taine y polemizado con Renán. Estos dos galos amables que fueron también griegos de adopción, le han enseñado el secreto de pensar con serenidad aún en este nuestro mundo de tristezas y de removedoras agitaciones. El don de la elocuencia sincera que hubo en ellos, lo ha heredado este nuevo discípulo de Academos”. Pese a que su nombre no es reconocido en la actualidad como una de las figuras importantes del modernismo, Alberto Nin Frías gozó de prestigio y admiración entre los intelectuales del período. Lo demuestra el profuso epistolario que mantuvo con muchos intelectuales hispanoamericanos; entre otros con José Enrique Rodó, Juana de Ibarbourou, María Eugenia Vaz Ferreira, Gabriela Mistral y Miguel de Unamuno. Las características particulares de la obra de Nin me condujeron a examinarlo en profundidad. Fundamentalmente el olvido. Sentí en la búsqueda, especialmente en la Biblioteca Nacional que Arturo Ardao había pasado por donde yo estaba, casi cuarenta años antes. Fue en su libro de ensayos “Etapas de la Inteligencia Uruguaya” (a sugerencia de un entrañable amigo y apasionado lector), que encontré a Nin Frías. 7 8 Carta fechada el 15 de diciembre de 1906, en Montevideo En Rodó, José Enrique. El Mirador de Próspero: “En la armonía, disonancias. De una carta a Alberto Nin Frías” Montevideo: José María Serrano Editor-Librería Cervantes, 1913, páginas 192 y 193 7 Alberto Nin Frías y la influencia de Miguel de Unamuno. Entre cartas, halagos y protestas El vínculo con Unamuno marcó a Nin Frías -de manera especial- en su preocupación religiosa, en su acercamiento al protestantismo y en su alejamiento también. Unamuno desplegó fervorosos elogios hacia Nin, generando en el uruguayo una fuerte admiración. Unamuno influyó claramente en los pensamientos religiosos y filosóficos de Nin Frías. La influencia del filósofo español se constata en un pequeño libro: “13 cartas inéditas de Miguel de Unamuno a Alberto Nin Frías”, publicadas, prologadas y comentadas por el presbítero Badanelli, quien acompañó a Nin Frías en los últimos años de su vida. Dice Ardao9 “Fue el escritor uruguayo, y aun sudamericano, a quien en cierto momento más distinguió Unamuno, en quien mayores esperanzas depositó como llamado a realizar por esas tierras una misión religiosa coincidente con la suya. Alberto Nin Frías pertenecía a un granado núcleo de juventud que protagonizó en Montevideo, en la primera década del siglo, el más importante movimiento intelectual llevado a cabo en cualquier época, en el país, por el protestantismo nativo. Animado por el célebre pastor Juan F. Thomson, veterano polemista del Club Universitario de los años setenta, se organizó este movimiento en la llamada “Liga de Cristianos para la Emancipación de América Latina del Yugo Papal”. Lo integraron además de Nin Frías entre muchos otros, Manuel Nuñez Regueira, César y Santín Carlos Rossi, Luís Enrique Azarola Gil, Justo Cubiló, Enrique Crosa, Antonio Rubio, Emilio Guillardo, Guillermo Ingold. De 1901 a 1909 editaron el Atalaya, órgano de prédica evangelista en el que colaboraron también protestantes uruguayos de promociones anteriores, como Oscar Julio Maggiolo, Eduardo Monteverde, Celedonio Nin y Silva, los últimos dos, editores en 1893 de El Crucero, precursor de El Atalaya. Este movimiento protestante actuó entonces en solidaridad con las organizaciones del liberalismo anticlerical, contó con la simpatía espiritual de Rodó, y fue precisamente para contrarrestar su prédica que Mariano Soler10 dio a luz en 1902 su obra Catolicismo y Protestantismo. En noviembre de ese año Unamuno le consagra en “La Lectura” de Madrid, un caluroso comentario11. Su adhesión es muy expresiva, declarando francamente las razones religiosas de la misma. “Es -dice de Nin- entre los escritores de mañana, entre los que apuntan, uno de los más simpáticos y atractivo; para mí el más simpático acaso, por razones 9 Ardao, Arturo. Etapas de la Inteligencia Uruguaya. Montevideo. Departamento de Publicaciones de la Universidad de la República, 1971, páginas 233 a 240 10 Mariano Soler nació en San Carlos (Maldonado, Uruguay) el 25 de marzo de 1846. Falleció en alta mar, el 26 de setiembre de 1908. Sacerdote que en 1890 es nombrado administrador apostólico. El 18 de enero de 1891 es elegido tercer obispo de Montevideo, siendo consagrado el 8 de febrero. El 14 de abril de 1897 es nombrado primer arzobispo de Montevideo, al erigirse la Provincia Eclesiástica del Uruguay 11 Poco antes, en agosto de 1902, El Atalaya había empezado a publicar en el folletín un “Ensayo sobre la filosofía de la historia de España”, de Nin Frías, dedicado por su autor a Miguel de Unamuno. El comentario de Unamuno al primer libro de Nin Frías figura como prólogo en dos volúmenes posteriores de éste: Nuevos Ensayos de Crítica Literaria y Filosófica, Montevideo, 1904, y Ensayos de Crítica e Historia, Ed Sempere, Valencia , 1907. 8 que expondré (…) Tiene Nin Frías la preocupación religiosa”. En el mismo artículo establece el cotejo con Rodó, tanto más inevitable cuanto que en sus ensayos incluía Nin Frías uno sobre Vida Nueva y otro sobre Ariel. Comparando a ambos autores escribe: “Y he aquí dos uruguayos movidos por altos y serenos ideales, más propenso a la concepción estética el uno, a la religión el otro”, para manifestar, desde luego, su inclinación a este último, es decir a Nin Frías, cuyas críticas a Ariel, del mismo sentido que las ya conocidas de Unamuno, éste subraya complacido. Tenían entonces, Unamuno 38 años, Rodó 31, Nin Frías 23. En una carta fechada el 15 de agosto de 190412 Unamuno escribe: “…Espero con verdadera ansiedad trabajos suyos, porque usted tiene para mí, en la literatura americana, el atractivo de un “merle blanc”13, es usted un caso único, por su sentido religioso y cierta orientación espiritual que ahí falta de ordinario (…). A esta literatura americana le hace falta un soplo de honda seriedad y de preocupación por las grandes inquietudes íntimas de la conciencia. Del ordinario y tosco catolicismo a la española han pasado a un indiferentismo demoledor y esterilizante (…). Inútil decirle que su Nuevos Ensayos me ofrecerán ocasión de decir ciertas cosas apoyándome en las que usted diga. Usted es uno de los escritores que más me conviene examinar, porque usted me da pie como muy pocos para las reflexiones de que más gusto. A la tarea pues, y Dios le dé salud.” La indiferencia sobre los asuntos religiosos fue un asunto que desveló a Nin. Esta situación no se escapó del diálogo que mantuvo con Unamuno en forma epistolar; tampoco se ausentó de los diferentes escritos que Nin Frías dedicó al tema. En 1906 le escribe Unamuno a Nin Frías “Ahí solo en Montevideo tengo tres amigos de los de primera, de aquellos con quienes me gustaría departir de largo, que son: don Juan Zorrilla de San Martín, don José Enrique Rodó y usted”14. Ni con el católico Zorrilla, ni con el agnóstico Rodó, buenos amigos desde luego, personales y literarios, podía sin embargo tener la afinidad religiosa que con Nin Frías. Por eso le añade: “Con usted querría departir – a ver si llego a ir por esas tierras, que lo deseo – muy en especial sobre el cristianismo en esa América”15. El protestantismo de Nin, con todo, empezaba a ser un punto de desacuerdo. En la misma carta le dice Unamuno: 12 En 13 cartas inéditas de Miguel de Unamuno a Alberto Nin Frías. Prologadas y glosadas por Pedro Badanelli. Buenos Aires: Editorial “La Mandrágora”, 1962, 124 páginas 13 Mirlo blanco: ser de rareza extraordinaria. El mirlo es un pájaro de unos 25 cm de largo. El macho es enteramente negro, con el pico amarillo, y la hembra de color pardo oscuro, con la pechuga algo rojiza, manchada de negro, y el pico igualmente pardo oscuro. 14 Su relación con Vaz Ferreira no se había iniciado aún. Esta carta fue publicada por Nin Frías al frente de sus libros “El Cristianismo desde el punto de vista intelectual”, Montevideo 1908 15 Carta del 13 de noviembre de 1906. En 13 cartas inéditas de Miguel de Unamuno a Alberto Nin Frías. Prologadas y glosadas por Pedro Badanelli. Buenos Aires: Editorial “La Mandrágora”, 1962, Pág. 69 9 “Yo no sé por qué el protestantismo histórico no acaba de satisfacerme y me parece poco adecuado para los pueblos que llamamos latinos16. Cierta estrechez de criterio y por mucho que quieran sacudirse de ello siempre conservan un supersticioso culto a la letra. Tal vez en el fondo sea el católico más racionalista por ser más pagano, que el protestante que es más fideísta17... Lo que creo se prepara es un cristianismo a secas, un cristianismo amplio y universal, igualmente elevado sobre catolicismo y protestantismo, sin dogma católico ni protesta protestante (…) Hay que ir al cristianismo puro, dejando hasta el dogma de la divinidad de Jesús en que no creyó Jesús mismo”. (La respuesta de Nin Frías fue su volumen de Estudios Religiosos, publicado por Sempere en 1907). Concluye Ardao “Los jóvenes protestantes de El Atalaya, los de mayor afinidad espiritual y religiosa con Unamuno en el Montevideo del 900, leídos y alentados por él, se dispersaron muy pronto, física e ideológicamente. El más significativo de todos en aquellos momentos, Alberto Nin Frías, abandonó el protestantismo y se desvaneció sin responder a las grandes esperanzas religiosas e intelectuales que Unamuno y otros, con excesiva buena voluntad depositaron en él. Es de preguntarse si las arremetidas de Unamuno contra el propio protestantismo histórico pudieron ser completamente ajenas a aquella dispersión”.18 Alberto Nin Frías y José Enrique Rodó. En la armonía, disonancias La relación entre Nin y Rodó fue intensa. Cartas y libros de Nin Frías prologados por Rodó, ensayos de Nin Frías debatiendo a Rodó; preguntas, diálogos, respuestas… Esta situación la encontramos (independientemente de los ensayos de Nin Frías antes mencionados), en “El Mirador de Próspero” bajo el subtitulo “En la armonía, disonancias,” Rodó transcribe una carta que le envía a Nin Frías. Además prologa los libros “El Cristianismo 16 Observación análoga, también en 1906, formulaba Rodó a Nin Frías: “Forma parte – decía de éste – de ese simpático grupo evangelista que cuenta en nuestra juventud con espíritus tan generosos y bien dotados como los de Santín y César Rossi, Martínez Quiles, Nin y Silva, Emilio Gillardo, etc. Bien sabe Nin Frías – y no hay porque callarlo aquí – que yo no creo en el acierto y en la eficacia de este movimiento, tal como está encauzado y supeditado a una ortodoxia religiosa. Comprendo y aplaudo el fondo cristiano; pero no me explico el apego a dogmas que constituyen una “impedimenta” enorme para la propaganda racional, ni me place la vinculación con el carácter protestante, que creo no se adaptará jamás – por razones étnicas invencibles – al ambiente de nuestros pueblos, y que, históricamente representa una traición contraria a la tradición a las raíces de nuestro espíritu, al genio de la raza, a las voces que gritan desde cada gota de la sangre de nuestras venas. Mucho más me agradaría un cristiano puramente humanitario a lo Channing o a lo Tolstoy ” (Prólogo de Rodó a “El Cristianismo desde el punto de vista intelectual, de Nin Frías” ) 17 Tendencia teológica que insiste especialmente en la fe, disminuyendo la capacidad de la razón para conocer las verdades religiosas. Este fideísmo se visualiza en la obra de Nin Frías, así se verá en el posterior análisis 18 En el caso de Nin Frías es indudable que Unamuno siguió de cerca y estimuló la crisis de su protestantismo. (Véase Hernán Benítez, El Drama Religioso de Unamuno, 1949, pag. 138 y 234) 1 desde el punto de vista intelectual” y “La vida del estudiante y la moral”. En “Reseña de la Obra Cultural de Alberto Nin Frías” se encuentran varios juicios y críticas de Rodó a los textos de Nin. Entre ellos existía, pese a las diferencias, un profundo reconocimiento; así lo expresan diferentes escritos de ambos autores. Un ejemplo lo constituye cierta carta de Rodó a Nin Frías incluida en “El Mirador de Próspero”19; asimismo el ensayo de Nin Frías “El testimonio de la juventud intelectual”20, perteneciente al libro “El Cristianismo desde el punto de vista intelectual”. El vínculo entre Rodó y Nin Frías, no sólo se dio en torno a los debates sobre el cristianismo, sino también sobre la juventud, el afecto varonil y el homoerotismo. Sobre este último Carla Giaurdone en su libro “La Degeneración del 900” dedicó un capítulo para analizar los modelos estéticos sexuales que la literatura de Rodó y Nin Frías plantea. El capítulo se titula “Amor Griego en el 900. Afecto varonil y homoerotismo en José Enrique Rodó y Alberto Nin Frías”. Giaurdone21 plantea el cotejo Rodó-Nin Frías. En sus comentarios a la obra de José Enrique Rodó, Emir Rodríguez Monegal ha señalado que “la diferencia fundamental entre éste y Alberto Nin Frías radica en que mientras que el autor de Ariel “pretende una conciliación de signo estético, aunque de contenido ético, entre el Paganismo de la Antigüedad y el mundo cristiano, Nin Frías, protestante, busca la solución en un renacimiento cristiano”. Según 19 En Rodó, José Enrique. Mirador de Próspero: “En la armonía, disonancias. De una carta a Alberto Nin Frías”. Montevideo: José María Serrano Editor-Librería Cervantes, 1913, páginas 192 y 193. Así versa un fragmentos de la carta, “La labor intelectual de usted me interesa tanto o más cuanto que me ofrece, a menudo, ocasión de ejercitar mi pensamiento, familiarizándolo con ideas distintas de las que le imprimen sello y carácter. Nuestros puntos de partida son diferentes, casi opuestos. Usted espera ver salir el nuevo día de las biblias sin notas, de los templos de paredes desnudas; mientras que yo me atengo a las palabras de Juliano, que usted cita en su libro y que Ernesto Renán, moribundo, murmuraba en el delirio de la agonía. “Que salga el sol del lado del Partenón…” Pero nuestros espíritus se acercan más cada día, convergemos a un mismo término; porque toda grande ruta ideal, no importa cual sea, lleva en dirección a la armonía, a la amplitud, a la comprensión de todo lo hermoso. Un culto de que ambos somos fieles nos reconcilia especialmente: nuestro culto por Taine… Su nuevo libro viene lleno de ideas. Hace pensar; hace sentir. ¿Conquistará usted con él muchas almas para su tierra santa y sus profetas? De eso no estoy seguro. De lo que sí estoy seguro es del aprecio que tengo por su talento; de lo mucho que me complace y anima su entusiasmo, no vano, sino equilibrado y conciente; la tendencia reflexiva y severa de su espíritu; su perseverancia, el temple de su naturaleza espiritual, sana y fuerte, como educada en país de robustos y tenaces trabajadores. Su labor de usted, tan sincera, tan progresiva, merece citarse como ejemplo. Si yo tuviera autoridad para indicar ejemplos, la indicaría como tal. 20 En “El Cristianismo desde el punto de vista intelectual”. Prólogo de José Enrique Rodó. Montevideo: Tipografía de J y E Pedralbes, 1908, página 24: “Aparte de algunos pocos, contados pensadores, las cuestiones religiosas no preocupan seriamente a nadie. Con razón sobrada no halla Miguel de Unamuno el hondo soplo de seriedad que tanto ama en la literatura, porque allí donde falta esa condición de la producción inmortal, el arte concluye. Rodó es una excepción del medio, pero su idealismo ha tomado los rumbos de la estética y de la moral de Guyau, ante quienes la inmensa multitud no se estremece. Su “Ariel” es para la raza electa del futuro. Será oro de Golconda para la juventud en cuya frente se dibujen los caracteres intensos del “Penseur” de Rodin. Hoy pocos jóvenes miran a Sirio, escasos son los congresales a una clase donde elevándose a la región de lo eterno bello, un profesor explique el sublime símbolo de Shakespeare. Obra de un esteta y un filósofo, “Ariel” es para los artistas y los pensadores. Vagaba así mi pensamiento en un tarde de domingo …” 21 Giaurdone, Carla. La Degeneración del 900: Modelos estéticos sexuales de la cultura en el Uruguay del Novecientos. Montevideo: Trilce, 2005, página 112 1 Giaurdone “Esta afirmación es solo válida hasta el momento en que Nin Frías descubre, entre 1905 y 1910, el paganismo estético en la obra de Walter Pater (…) El uruguayo encuentra en Pater lo que la tradición hispánica le negaba: una genealogía redentora de la amistad masculina y el rescate del sentido estético- sexual de la cultura helénica”. Así, “Marcos, amador de la belleza” y “Sordello Andrea. Sus ideas y sentires” para Giaurdone “Describen el despertar estético de un niño y cómo su deseo de belleza y extrema sensibilidad lo capacitan para ver más allá de lo aparente. Siguiendo la tradición de la novela biográfica victoriana, en ambas narraciones la conexión vital del individuo con su niñez se revela como un aspecto esencial en la formación del adulto sano”. Hablando de “Sordello Andrea…” Giaurdone afirma “Esta ficción autobiográfica se propone, al igual que “Ariel” de Rodó, como una suerte de manifiesto dirigido a los jóvenes americanos que anhelan cambiar “la faz de este continente encallado en el desorden político y embotado por lujuria. El escritor exhorta a espíritus como el de Sordello, como el suyo propio, a no desesperar y a confiar en su potencial, a perder el miedo y no sentirse solos y en última instancia, a morir “antes de abdicar tu libertad interior (…) La elección de las memorias de la niñez, género prácticamente inexistente en Hispanoamérica, evidencia el interés del autor por recuperar la biografía de un yo que no se construye ni heroico ni ejemplar. Por el contrario, el texto ofrece una mirada doblemente marginal en tanto pertenece a un niño que es erradicado de su Grecia natal para vivir en la turbulenta Inglaterra de fines de siglo XIX. La elección de Grecia como origen no es nada casual: por un lado, como ya ha sido señalado, es resultado de la autoridad que gozaba el modelo grecolatino en la construcción de la identidad nacional; por otro, y no menos importante en un escrito formado en la tradición anglosajona, el helenismo le ofrece a Nin Frías las bases de una identidad sexual positiva de la diferencia. En “Sordello Andrea” el personaje narrador afirma ser “heleno a la usanza de Goethe y Winckelman”. Continúa mas adelante Giaurdone “Nin Frías ve en la antigüedad clásica un paradigma ético-estético de civilización, pero a diferencia de aquél, éste rescata del modelo grecolatino aquello que Rodó se obsesionaba por suprimir (muchas veces sin éxito): las bellezas físicas del adolescente varón y el deseo que este cuerpo despierta en otros hombres(…) Alberto Nin Frías recurría al mismo tropo de la amistad heroica, pero en este caso para sentar las bases de una genealogía redentora de lo que denomina el “uranismo genuino”.” Se percibe en Nin Frías una visión idealizada sobre la homosexualidad, (aunque el nunca se refirió en esos términos, dado que esta denominación fue acuñada por la cultura médica, que ve en la homosexualidad una desviación). Esta no es la perspectiva de Nin Frías, quien se dedicó a hablar de la homosexualidad como “homoerotismo”, “amistad helénica”, “amistad masculina”, “amor griego” etc. 1 Por último, en este apartado, nos interesa caracterizar la forma de narrar, la utilización del lenguaje de Nin Frías. Para ello citamos el juicio esgrimido por Francisco Alberto Schinca22. “El lenguaje que emplea en sus libros tiene la diáfana cristalinidad de las aguas corrientes. Y como en la patria por la cual suspira su alma - patria lejana, en el espacio y en el tiempo- es la Grecia elegante, espiritual y refinada de los jonios” (…) “Este escritor piensa bizarra y hondamente y pudiera decirse de él lo que Rubén Darío dijo del robusto y contemplativo Unamuno: “En su manera no hay ímpetus, no hay relámpagos. Tranquila lleva la pluma como quien ara (…) Deja el Coliseo por el Pórtico. Platón le dio el secreto de lucubrar amablemente para vestir de realidad las más generosas utopías. Y es que en el fondo de todas sus predicaciones, el espíritu ático y cristiano que hay en él pone un aroma de elocuencia antigua, como la de aquellos virtuosos helenos que pasearon por las orillas de los ríos sagrados el mirto de sus coronas, el fascinante simplicísimo de sus filosofías”. Schinca continúa refiriéndose a Nin Frías, en este caso a su fe cristiana: “… Nin populariza entre los doctores el evangelio de la bondad cristiana, y entre las muchedumbres ignaras el evangelio de la ciencia práctica lo que se derrama en su obra, es su corazón inflamado en generosos encendimientos” Análisis del ensayo “El Testimonio de la juventud intelectual” del libro “El Cristianismo desde le punto de vista Intelectual” (1908) El libro “El Cristianismo desde le punto de vista Intelectual” es un libro particular, algo así como un territorio de sentidos. Contiene una introducción realizada por Rodó, datos bibliográficos de Nin Frías presentados en un texto de Cesar L. Rossi (miembro de la “Liga de Cristianos para la Emancipación de América Latina del Yugo Papal”), publicado en el “Trabajo” de Canelones. A esto debemos sumarle dos cartas que se encuentran después del índice. Una fechada en Salamanca, 13 de diciembre de 1906 en la que Miguel de Unamuno le dirige varias líneas a Nin, encabezándola “¡Ay mi buen amigo!” y la otra, la respuesta de Nin Frías a la carta anterior fechada en Montevideo, 15 de diciembre de 1906, encabezándola “Estimado maestro y amigo”. Esta carta es sustanciosa dado que es la única de Nin Frías que encontré del profuso epistolario mantenido con Unamuno y otros intelectuales. Sí se ubicaron varias cartas a Nin Frías. Se destaca una de las temáticas que expresa la carta, un asunto de preocupación constante para Nin: La indiferencia entre los intelectuales de América por lo religioso. Dice: “Cristo aún después de veinte siglos es el tema más sugerente para el filósofo, el poeta y el hombre en general. En América es un hecho negativo. Los intelectuales hacen de cuenta que no existe; entra en la categoría de las situaciones admirables del pasado. No se le estudia, no se le conoce, solo existen 22 Schinca, Francisco Alberto. Oriflamas. Montevideo: Mercurio, 1914 pagina 23 1 prejuicios a su respecto (…) No tengo mayor tristeza mental que este abandono inconsciente en que se tiene a esa admirable doctrina que ha arrancado a Goethe, tan hondos pensamientos… ” Posteriormente a las cartas encontramos un prefacio, escrito por el propio Alberto Nin Frías, con una inscripción debajo “Montevideo, Pascua de Resurrección de 1906”. En efecto, el corto escrito recuerda las pascuas, la resurrección de Jesús. Aquí nuevamente plantea la indiferencia sobre la religión. Consecutivamente al prefacio se transcribe “La oración del lector de Dr. Henry Van Dyke”. Para luego comenzar con el primer ensayo del libro denominado “Jesús y la admiración del mundo”. Restan destacar dos características peculiares del libro. La primera, antes de cada ensayo hay una serie de frases, citas, nunca más de cuatro, que sirven de preámbulo, de guía, de encuadre para el eje que se atenderá en cada uno de los textos. Así encontramos pensamientos de Paul Bourget23, Ernesto Renan24, Miguel De Unamuno, Taine25, entre otros intelectuales influyentes en el pensamiento de Nin Frías. La segunda, al final del último ensayo, se suceden una serie de opiniones, comentarios, críticas, poemas dedicados al autor, de importantes personalidades de la intelectualidad del mundo, planteando su visión sobre las últimas obras del autor. Así encontramos a Elisée Reclus, Miguel de Unamuno, Santín Carlos Rossi, el pastor Juan Mc. Carthy, la poetisa María Eugenia Vaz Ferreira (amiga de Nin Frías), Francisco Alberto Schinca, el escritor y poeta Manuel Nuñez Regueiro, un extenso poema de Leonardo Arrarte Victoria, diferentes órganos de prensa como “El Siglo”, “El Día”, “El Estandarte Evangelista y “El Atalaya” Comenzando con el análisis del ensayo “El testimonio de la juventud intelectual”, los pensamientos que encontramos son los de Goethe, Kant, Roberto Speer y Taine. Indagando por qué Nin Frías agruparía a estos cuatro pensadores, me encuentro en que básicamente lo que los une, es la diferencia. Goethe integra el romanticismo, Taine propenso a las posturas positivistas y naturalistas, Kant racionalista y un apartado especial para Speer, del cual no obtuve referencia. Este es un elemento presente en la formación filosófica de Nin Frías, ser adogmático. Los 23 Naturalista. Seguidor de Taine. Escribió la novela El Discípulo en 1889 (1823-1892) Filólogo e historiador de la religión francesa, nacido en Tréguier (Côtes-du-Nord); bretón como Chateaubriand y Lammenais que tanto influyeron en la conformación de la sensibilidad religiosa del siglo XIX. En su juventud estudió para ordenarse como sacerdote católico, pero luego rompió con la Iglesia. Su famoso libro Vida de Jesús (1863), primera parte de su Historia de los Orígenes del Cristianismo (ocho volúmenes, 1863-1883), originó una gran controversia en Francia por su punto de vista heterodoxo. En estas obras se intentaba recuperar el sentido de la historia abandonando toda idea de "misterio" y aceptando sólo los hechos científicamente explicables. En 1878 ingresó en la Academia Francesa y en 1883 fue nombrado director del Colegio de Francia, cargo en el que permaneció hasta su muerte. 25 (1828-1893), Historiador y crítico francés, y uno de los principales representantes del positivismo. Taine nació en Vouziers, en las Ardenas. Su libro Filósofos franceses del siglo XIX (1857), que atacaba la visión ecléctica del filósofo francés Victor Cousin, exponía un plan para la aplicación de métodos científicos en el estudio de la naturaleza humana y de la historia. A partir de este enfoque se desarrolló la escuela del naturalismo en literatura a finales del siglo. 24 1 diferentes pensamientos versan en torno al tema del ensayo. El de Taine, hablándole a la juventud, recomendándole un camino dice: “El ideal sano para un joven es fundar una familia, un hogar imperecedero, crear y gobernar” En cambio con los pensamientos de Goethe y Speer, Nin Frías plantea su visión de lo religioso desde el cristianismo. Dice Goethe y posteriormente Speer: “Estás obligado a creer porque los Dioses no dan prueba material alguna” “Doscientos años hace que se fue Jesús, pero no está ausente para miles de vidas: para la vida de todo aquel que se ha apropiado el espíritu de su existencia, Cristo vive otra vez” Por último Kant, describiendo al “intelectual”, que está presente en el título del ensayo, que está presente en el autor, así como la juventud, expresada por Taine. “Nadie puede desconocer el valor positivo de los caracteres formados por los que poseen la luz interior. Tienen paz, alegría y una armonía consigo mismos que es inquebrantable” Este concepto de lo “intelectual” -mejor dicho, del “intelectual”- no se aleja demasiado de algunas de las críticas o juicios que han hecho sobre Alberto Nin Frías. Ver los juicios de Schinca planteados anteriormente. Después de los pensamientos, el narrador comienza describiendo un paisaje otoñal, con una afirmación que nos alerta previo a la descripción “Es la época otoñal”. Posteriormente se suscitan, una tras otra, imágenes poéticas que referencian al otoño. “… las hojas caen marchitas y la fecunda selva se prepara a dormir hasta el nuevo renacer, bajo los rayos suaves de la primavera. Hasta mi ventana llega el rumor melancólico de las hojas que el viento lleva sin piedad…” Hasta que irrumpe, entre aquellas imágenes poéticas, sin abandonar la metáfora. Una reflexión, sobre un tema reiteradas veces planteado; la indiferencia religiosa, Nin Frías dice: “Así como las hojas, atisbo el alma americana; ella es conducida en alas del viento de lo frívolo y lo ligero” Continúa Nin Frías preocupado por la situación previa, marcando la perspectiva de un uruguayo que viajó por todo el mundo desde chico, primero por la profesión de su padre y luego por la de él mismo, esa profesión que compartieron y que en Alberto comenzó el mismo año que escribiera este libro (1908): la diplomacia. Así plantea la cuestión: “He mirado con la intensidad del viajero que columpia el valle agreste y risueño y observa desde la cima el panorama todo de esta sociedad novel.” Y profundiza, orientando su crítica a la búsqueda de la felicidad por lo material en desmedro del espíritu y el alma: “En sitio alguno he visto el paisaje de la fe. Junto al taller donde la industria crea; cerca de los areópagos; vecino del templo; en la estancia, donde el pensamiento se concreta y se emancipa en sitio alguno se ha refugiado la inquietud sutil del misterio. El sueño de la vida eterna, el malestar de la conciencia, la duda religiosa, no han sido pensados (…) ¿Será acaso que el alma española ha perdido la virtualidad de creer? ¿Quizás al atravesar el europeo el Atlántico perdió la religiosidad que la tradición 1 y las costumbres le impusieron contra su agrado? ¿Preparará América un nuevo culto a lo invisible? La disolución de creencias a la que asisto triste, me mueve a pensar que una evolución sana amanecerá o de lo contrario nuestro único Dios será el dinero y la religión: la persecución de la felicidad de los sentidos. Empecinado por la ausencia de interés sobre las cuestiones religiosas, seguramente buscando refugio, acerca a Unamuno a su ensayo, toma sus palabras para denotar la ausencia de seriedad para tratar los temas religiosos. Acerca a Rodó, lo presenta como una excepción en el medio, a pesar de que no comparten el mismo rumbo. “A parte de algunos pocos, contados pensadores, las cuestiones religiosas no preocupan seriamente a nadie. Con razón sobrada no halla Miguel Unamuno el hondo soplo de seriedad que tanto ama en la literatura, porque allí donde falta esa condición de la producción inmortal, el arte concluye. Rodó es una excepción del medio, pero su idealismo ha tomado los rumbos de la estética y de la moral de Guyau, ante quienes la inmensa multitud todavía no se estremece”. Ya lo marcó Unamuno en carta a Nin Frías, Rodó más preocupado por la estética y Nin Frías por lo religioso. Cuando Nin se refiere a la moral de Guyau26, se está refiriendo a una moral que rechaza una causa sobrenatural o de un creador del universo. En consecuencia vida sin presencia de Dios. Posteriormente se dirige a Rodó dedicándole amplios y fervorosos elogios para “Ariel”: “Su “Ariel” es para la raza selecta del futuro. Será oro de Golconda para la juventud en cuya fuente se dibujen los caracteres intensos del “Penseur” de Rodin.” Así Nin Frías no escatima en elogios, en varias oportunidades habla de “la raza selecta del futuro”, entendiendo que el “Ariel” está dedicado a la juventud americana. Seguramente, esta raza selecta será la juventud americana, preocupada por la felicidad del alma, en donde obviamente no faltará lo religioso. Luego Nin Frías plantea dos imágenes a desentrañar “Será oro de Golconda para la juventud”. Golconda es una ciudad, de la India, dedicada al comercio de piedras preciosas, que hasta el 1726 fue el único lugar en el mundo de donde se extraían. De esta manera Nin Frías plantea la importancia de “Ariel” para la juventud, para aquella juventud “en cuya fuente se dibujen los caracteres intensos del “Penseur” de Rodin27”. La fuente actúa de espejo que refleja lo que se le enfrenta. Aquí, Nin Frías caracteriza a esa juventud, una juventud “pensadora”, “reflexiva”. Tal cual definió Schinca a Nin Frías, “en su manera no hay ímpetus, no hay relámpagos. Tranquila lleva la pluma como quien ara” Continua Nin Frías planteando “Obra de un esteta y de un filósofo “Ariel” es para los artistas y los pensadores”. Desde aquella figura poética del otoño, Nin Frías se desplaza entre 26 27 Marie Jean Guyau (1854-1888) El pensador, del escultor francés Auguste Rodín, debía constituir en un principio el elemento central del dintel de Las puertas del infierno para el Museo de Artes Decorativas de París. Esta obra, inspirada en el "Infierno" de la Divina Comedia de Dante y en Las flores del mal del poeta francés Charles Baudelaire, refleja una visión pesimista de la vida y de la felicidad. Las puertas del infierno no se completaron nunca y las piezas que se crearon para este proyecto, como El pensador y El beso, se exhiben actualmente como obras independientes. 1 reflexiones, debates filosóficos y afirmaciones como ya vimos. Hasta que irrumpe, cambiando la temporalidad, nuevamente con una imagen poética. Dice: “Vagaba así mi pensamiento en una tarde de Domingo en que el silencio y el tibio sol alegran, dando al espíritu el sentimiento de su libertad – cuando tras un golpe seco del cartero, me alcanzaron un librito blanco con franjas doradas, artísticamente impreso” Continuando Nin Frías recuerda lo placentero que es recibir “obsequios parecidos de Suiza” los Domingos de Pascuas. Nin Frías dedica unas cuantas líneas a introducirnos en aquel libro enviado por una amiga suya, la educadora Julie Fetscherin. “Ella era quien me mandaba un librito cuyo título me encantó: “Del Renacer en Cristo” o “Del Renacimiento en Cristo”. Nada más sugestivo que recibir en pascuas n libro llamado de esa manera; queda claro que la amiga de Nin Frías sí compartía la preocupación por lo religioso. “En él, un estudiante aventajado e instruido en la alta cultura moderna, Franz Speeman, reflejaba en páginas de belleza tranquila su testimonio cristiano” Nuevamente la presencia de la juventud, esta vez no una juventud indiferente, ahora sí, la misma juventud que reconoce en “Ariel”. Nin Frías comienza a combatir esa preocupación por la indiferencia a lo religioso con un libro de puro testimonio cristiano venido de Suiza. Aunque seguramente, le hubiese gustado más recibirlo de un americano. Así continúa describiendo la experiencia del joven presentada por el libro, nos plantea la situación en que éste se encuentra con el Señor “la campiña en verano”. “Tan profunda fue la impresión, que no sabe decirnos como volvió a la vida de todos los días después de su éxtasis. La vida le parecía un sueño, - se sentía como alguien que volviera a la tierra tras larga ausencia. Entonces comenzó a comprender a Pascal… ”. Porqué Nin Frías, cual lectura del Evangelio, plantea que el joven comenzó a comprender a Pascal. La respuesta está en uno de los pensamientos que Nin Frías utilizó para encuadrar este ensayo, aquel de Goethe, que dice “Estás obligado a creer porque los Dioses no dan prueba material alguna”. Es que Pascal argumentaba que es razonable tener fe, aunque nadie pueda demostrar la existencia o inexistencia de Dios; los beneficios de creer en Dios, si efectivamente existe, superan con mucho las desventajas de dicha creencia en caso de que sea falsa. Continúa Nin Frías hablando del libro: “Leía yo esto deleitado y vinieron en mente tristes juicios de la tierra en que vivimos, sin venerar las cosas espirituales. Responsabilizo de ello, de nuestro estado intranquilo: la autoridad sólo se apoya en la fuerza y no en el fuerte espíritu del respeto. Por esa razón, este país, esta América Latina no entra en la paz como diría el filósofo de Salamanca si juzgase de estas cosas.” Nin Frías, una vez más, convoca a prestarle atención “a las cosas del espíritu”, trae a Unamuno, y lo trae para hablar de un tema que recogió varias expresiones del español, la situación política y especialmente, las luchas armadas entre los blancos y los colorados. De este modo una carta fechada el 15 de agosto de 1904 le dice “Recibo tristes noticias de esa su patria; 1 Dios la tenga en su mano y aquiete los espíritus inspirándoles inquietudes más íntimas y más fundamentales que les aparte de esas luchas que no conducen sino de íntima ociosidad espiritual (…) estériles luchas exteriores por preeminencias de teatro o apetitos de sensualidad de poder” Entre estas reflexiones, Nin Frías vuelve a hacer referencia a otro libro. “Pocos días después volvió a golpear a mi puerta otra mano piadosa para ofrendarme otra joyita religiosa” Pero esta vez, esta mano piadosa vendría a regocijar a Nin Frías pues: “Esta vez se trataba de un Sud- Americano, mozo rubio, alto, de perfil inglés, apenas señalando el bozo diez y nueve años de estudiosa juventud. Vestido de luto riguroso, con sombrero de anchas alas, asomando por debajo cabellos ensortijados. Me recordaba a un joven puritano de Pensylvania que un pintor inglés Seymour Lucas ha fijado con toda exactitud en sus cuadros de esa época” Aquí, a partir de este extracto, se puede visualizar lo que posteriormente, con la obra de Nin Frías “Sordello Andrea. Sus ideas y sentires”, se expresa con mayor claridad: su pasión por la juventud armoniosa, de cuerpo y alma. (Ver análisis de Carla Giaurdone, antes planteado, demostrando la influencia que tuvo sobre Nin Frías, Walter Pater28). Lo expresado por Nin Frías sobre el joven sudamericano no necesariamente implica la presencia de la llamada “amistad masculina”. Sí, una detenida descripción de un cuerpo joven, que permite vislumbrar el significado de belleza a la manera helénica. Posteriormente, en el texto, reitera el concepto de la belleza, del goce “espiritual”, dado por este cerebro joven: “Entregome su obrita para leer. Su sólo encabezamiento despertó en mí multitud de pensamientos: amo tanto a Jesús; es él mi mejor amigo. Mi corazón latía de goce. Cristo era admirado por un cerebro joven, apenas transpuesta la adolescencia que sólo es activa para la asimilación. Su vida, había hecho pensar a una cabeza joven y a un corazón lleno de amor. ” Luego, Nin Frías, toma la obra del joven, para de allí volver al debate filosófico sobre lo religioso. Argumenta que Dios es razón y fe. Insiste sobre la fe, la primera de las tres virtudes teologales. “Al contemplar estos misterios nos encontramos todos como el antiguo sabio pagano que, preguntado por su rey, ¿Qué es Dios? Pidió un día para responder; expirado el plazo, pidió dos días y cuando estos hubieron pasado, pidió cuatro y así sucesivamente, hasta que se dio por vencido, porque cuanto más estudiaba el problema tanto más difícil se le hacía la solución. Y no podía ser de otra manera, toda vez que la esencia de Dios y sus atributos, no son tan solamente un objeto de razonamiento, sino también de fe, y cuando la fe falta, la razón vacila, titubea, cae y muere aplastada por la inmensidad” 28 Página 9 1 Nin Frías continúa; destaca un momento en la obra del joven escritor. Lo llama el “novel escritor” y dice “… son párrafos de un heleno que luego de oír a Pablo, sobre el areópago29 narra sus impresiones”. Nin Frías quiere decir que el texto del libro que le traen, es un genuino ejemplo de la predicación del evangelio. La figura de Pablo así lo respalda. Es interesante, para reconocer a Pablo, un trozo de la carta que le envía Rodó a Nin Frías y es publicada en “Mirador de Próspero”. Esta dice “Reservémonos del fondo de nuestras ideas algo propio e indeclinable, con que se sustente el placer por la contradicción. Las divisiones convienen, dijo ya San Pablo, a quien usted debe reverenciar, porque fue, por el espíritu, una especie de protestante profético. Sin alguna duda, la vida de pensamiento sería una vida monótona y triste, donde al cabo, la discordia renacería del seno del fastidio”. Más allá de las diferencias expuestas entre Rodó y Nin, lo que interesa de este trozo de la carta es el reconocimiento de Pablo como alguien reverenciado por Nin Frías y adecuado para difundir el evangelio, “una especie de protestante profético”. Posteriormente, Nin Frías se pone en línea con el pensamiento de Pascal, y en definitiva también con el pensamiento que él coloco antes del ensayo de Goethe, alejándose de Guyau: “… está en todas parte y todo lo llena con su presencia, todo lo ve, todo lo oye, todo lo toca, sin que nadie lo toque a él. Como los rayos del sol penetran en los más lugares reductos sin que pierdan nada su belleza y esplendor, así el Todopoderoso contempla y tolera el mal sin que le toque, ni sufra nada por la demencia, orgullo, impureza e incredulidad de sus criaturas; tanto que si por una hipótesis, todas sus criaturas de común acuerdo se revelasen contra Dios y llegase hasta el punto de sumergirse el universo en el abismo, esta catástrofe, que sería fatal para el universo, no sería nada para El” Luego, en el texto arremete contra los que han llamado a Taine de irreligioso. Como anteriormente se expresa, Taine fue el gran maestro humano y así se lo expresó a Unamuno en una carta fechada el 13 de diciembre de 1906. Es por demás interesante la forma en que se dirige a los que tacharon de irreligioso a Taine. “Taine, que un criterio poco zahorí ha tildado irreligioso” Cuando Nin Frías se refiere a un criterio poco zahorí, se está refiriendo a un criterio incapaz de descubrir lo que está oculto, con escaso discernimiento para la búsqueda. (Zahorí se le dice a la persona a quien se le atribuye la facultad de descubrir lo que está oculto, especialmente manantiales subterráneos: el zahorí es un árbol de donde se saca la rama arqueada que permite detectar flujos de aguas subterráneas). 29 Antiguo tribunal griego emplazado en una colina baja y rocosa del mismo nombre, situada al oeste de la Acrópolis en la antigua Atenas. Estaba formado por un consejo de nobles que se reunían al aire libre Dignos de resaltarse son los numerosos discursos de los principales protagonistas. El que pronuncia Pablo en el Areópago de Atenas (capítulo 17) debe de haber sido concebido por Lucas como modelo para predicar el Evangelio en el mundo gentil. (Enciclopedia Encarta) 1 La discrepancia también estuvo presente en el repaso de Nin Frías a la obra del joven. Esta se centró en la figura de Juliano emperador. “De ella sé decir que me llamó la atención, inculpación hecha por el autor a Juliano emperador. Ella es en mi sentir, un tanto injusta. El heleno emperador no odiaba tanto a Jesús, a quién solo es posible amar si se le comprende como a sus secuaces que ya por aquella época desnaturalizando su doctrina, se habían transformado en una turba de disputadores. La preocupación de Juliano, en cuyo nombre parecía condenar al Cristianismo, era la idea de la lucha entre el arte (la forma) y el alma (los intereses morales). El sabio príncipe consideraba al Cristianismo estrecho y fanático, un enemigo del arte de los Griegos” Lo que queda claro en el argumento esgrimido por Nin Frías es que Juliano no se oponía a Cristo sino a los “secuaces” representantes del cristianismo. Pese a esto, es bueno recordar que Juliano el Apóstata, nombre por el que es más conocido Flavio Claudio Juliano (c. 331-363), emperador romano (361-363), intentó restaurar el paganismo después de la adopción del cristianismo llevada a cabo por su tío el emperador Constantino I el Grande. Rápidamente Nin Frías continuó con la discrepancia sobre Juliano “La vida de Juliano abona mi afirmación y la lectura de ella lo confirma hasta la evidencia. Se puede no ser partidario de un hombre y sin embargo merecernos respeto. El genuino Cristianismo no es iconoclasta ni artistófobo.” Nin Frías discrepa profundamente con lo que el libro expresa de Juliano y expresa un gran llamado de atención para el cristianismo. Un llamado de atención para dejar de negar y rechazar la merecida autoridad de maestros, normas y modelos, esto es lo que realiza el joven iconoclasta con Juliano. Nin no deja de hacer una distinción entre arte griego y cristiano “El punto central, el fundamental del arte griego era el desnudo como lo es el vestido, en el cristiano; el primero se dedicó ante todo a la naturaleza humana en el ideal estado de reposo, de la serenidad del pensar; el segundo lo expresa todo.” Sin embargo, no hay que desconocer, como ya se dijo, la atracción de Nin Frías frente al arte griego, especialmente luego de descubrir a Walter Pater. Pese a las últimas discrepancias con la obra del joven, Nin Frías cierra este ensayo agradeciendo la llegada de esta, haciendo especial hincapié en su visión del Uruguay. Así cierra el ensayo: “De la lectura de esta simpática obrita he salido retemplado en mi fe. Creo más en el porvenir de Uruguay porque en él, algunos espíritus, por no decir un conjunto electo de ellos dibujan en la tela de sus vidas, trazos de esa vida superior que fue la del Maestro, la del Salvador, la de la luz del mundo. La fisonomía de Cristo, el príncipe de la paz, se esboza en la atmósfera espiritual de esta tierra elegida por Dios para ser en el Continente latinoamericano la nación más seria e intelectual ya que no la más rica ni la más grande” 2 Seguramente cuando habla de “algunos espíritus, por no decir un conjunto”, no sólo se referirá al joven sudamericano que le acerca el libro sino a todos sus colegas de la llamada “Liga de Cristianos para la Emancipación de América Latina del Yugo Papal”, cuyos integrantes en su mayoría eran jóvenes. A su vez en este final plantea una posible reconciliación con los hombres americanos, esta vez más propensos a interesarse por las cuestiones religiosas, cerrando con una frase que no deja de llamarme la atención. En general cuando se disponía a hablar de Uruguay era para lamentarse de la situación, en cambio aquí se despide con un mensaje positivo A modo de corolario, me interesaría compartir una crítica que le hiciera a Nin Frías, Vicente Salaverri30. Lo cito, principalmente, porque de las críticas que leí, la de Salaverri, es la más dura con Nin Frías.: “Ha querido leer tanto, que no tuvo tiempo de pulir el estilo, su juventud. Educado en Inglaterra, tiene un vívido ideal religioso, y no vacila en proclamárnoslo: “Creo que Jesús es el más bello de los hombres porque fue el más moral”. Los “Ensayos de crítica e historia” y “El Árbol” son libros de real enjundia. En “Marcos, amador de la belleza” y “La fuente envenenada” intenta novelar, como pretexto para seguir exponiendo ideas. Pero la reflexión de filósofo ahoga la imaginación del hacedor de narraciones” Mientras que leía a Nin Frías por momentos me encontré al lado de Salaverri. Por momento encontré a Nin Frías siguiendo sus textos como pretexto, no para seguir exponiendo ideas, sino pensamiento. Busqué un olvidado, no necesariamente para hacer justicia. Simplemente para recordar. ¿Cómo es que se producen semejantes enterramientos? Encontré a Alberto Nin Frías Sus restos descansan en la provincia de Santa Fe, en el pueblo Suardi. Bibliografía 13 cartas inéditas de Miguel de Unamuno a Alberto Nin Frías. Prologadas y glosadas por Pedro Badanelli. Buenos Aires: Editorial “La Mandrágora”, 1962, 124 páginas Ardao, Arturo. Etapas de la Inteligencia Uruguaya. Montevideo: Departamento de Publicaciones de la Universidad de la República, 1971, 438 páginas De Unamuno, Miguel. La agonía del Cristianismo. Madrid: Alianza Editorial, 1986, 124 páginas Salaverri, Vicente. Florilegio de Prosistas Uruguayos. Valencia: Editorial Cervantes, 1918 página 49 30 2 Giaurdone, Carla. La Degeneración del 900: Modelos estéticos sexuales de la cultura en el Uruguay del Novecientos. Montevideo: Trilce, 2005, 150 páginas Guerra, Silvia y Zondek Verónica. El Ojo atravesado: Correspondencia entre Gabriela Mistral y los escritores uruguayos. Chile: Ediciones Lom, 2005, 256 páginas Nin Frías, Alberto. La vida del estudiante y la moral. Folleto. Con prólogo de J. E. Rodó. Montevideo: 1906, 25 páginas ______________. El Cristianismo desde el punto de vista intelectual. Prologo de José Enrique Rodó. Montevideo: Tipografía de J y E Pedralbes, 1908, 79 páginas ______________. Estudios Religiosos. Valencia, España: Editorial Sempere y Cia., 1909, 212 páginas ______________. Carta a un amigo escéptico. Opúsculo. Montevideo: 1910, 6 páginas ______________. Sordello Andrea, sus ideas y sentires: Novela de la vida interior. Valencia: Sempere y Cia. 1912, 218 páginas ______________. Reseña de la Obra Cultural de Alberto Nin Frías: Con Motivo del Trigésimo Quinto Aniversario de su Vida Literaria 1898-1933. Buenos Aires: Editorial Claridad, 70 páginas Rodó, José Enrique. Mirador de Próspero: “En la armonía, disonancias. De una carta a Alberto Nin Frías” Montevideo: José María Serrano Editor- Librería Cervantes, 1913 ______________. Prólogo. Obras Completas. Edición y Prólogo Emir Rodríguez Monegal. Madrid: Aguilar, 1967 Rodríguez Monegal, Emir. José E Rodó en el Novecientos. Montevideo: Número, 1950 Roxlo, Carlos. Historia de la Literatura Uruguaya. Montevideo: 1915 Salaverri, Vicente. Florilegio de Prosistas Uruguayos. Valencia: Editorial Cervantes, 1918 Schinca, Francisco Alberto. Oriflamas. Montevideo: Mercurio, 1914 2 Anexos 1. Bibliografía con presencia de Alberto Nin Frías 2. Introducción al libro “El Cristianismo desde el punto de vista intelectual” por José Enrique Rodó 3. Bibliografía de Alberto Nin Frías ordenada cronológicamente y la crítica. En Reseña de la Obra Cultural de Alberto Nin Frías: Con Motivo del Trigésimo Quinto Aniversario de su Vida Literaria 1898-1933. Buenos Aires: Editorial Claridad, 70 páginas 4. Fotocopia de cuatro fotos de Alberto Nin Frías En Reseña de la Obra Cultural de Alberto Nin Frías: Con Motivo del Trigésimo Quinto Aniversario de su Vida Literaria 1898-1933. Buenos Aires: Editorial Claridad, 70 páginas 5. Fotos de “El Atalaya” 6. Fotocopia del texto analizado “El Testimonio de la Juventud Intelectual” 7. Carta de Alberto Nin Frías a Miguel de Unamuno fechada el 15 de Diciembre de 1906. En “El Cristianismo desde el punto de vista intelectual”. Prólogo de José Enrique Rodó. Montevideo: Tipografía de J y E Pedralbes, 1908, 79 páginas 8. Carta de la poetisa María Eugenia Vaz Ferreira a Alberto Nin Frías. En “El Cristianismo desde el punto de vista intelectual”. Prólogo de José Enrique Rodó. Montevideo: Tipografía de J y E Pedralbes, 1908, 79 páginas 2 2 2 2 2 2 2 3 3
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